Construyendo puentes, siguiendo la misión

Pedro Emilio Ramirez Ramos, pmé

II Encuentro Internacional de Jóvenes en Cochabamba

¡Un saludo lleno de esperanza desde Cochabamba, Bolivia!

Con gran gozo les compartimos que ya está en marcha el II Encuentro Internacional de Jóvenes para la Misión. Este espacio, convocado por las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción (MIC) y la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec (SME), reúne a participantes de diversos países. Nuestras sociedades, nacidas de un mismo carisma misionero en Quebec, Canadá, comparten el llamado a llevar el Evangelio a todos los pueblos.

Nos reunimos por segunda vez (el primer encuentro fue en octubre de 2023) con un doble compromiso: animar la vida de nuestras iglesias locales y de la iglesia que nos acoge en Cochabamba, y fortalecer la vocación misionera ad gentes en el corazón de los jóvenes.

Una primera semana de integración y encuentro

Hemos concluido la semana de "Integración", dedicada a sumergirnos en la realidad socio cultural, política y misionera de nuestros oasis y sobre de todo de Bolivia y a construir comunidad. Este tiempo incluyó:

  • Encuentro con migrantes de zonas rurales, principalmente de comunidades Quechuas y Aymaras, compartiendo sus historias y esperanzas.
  • Visita a proyectos pastorales de la Iglesia local, como la parroquia rural de Itapaya.
  • Conocimiento de iniciativas misioneras centradas en la prevención de la violencia contra niños, niñas y adolescentes, y en la promoción de la ecología integral, la justicia y la paz.

  • Una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Urcupiña, Patrona de la Arquidiócesis, para encomendar a María los frutos de este encuentro.

¡Te invitamos a ser parte de este camino!
Este es un tiempo de gracia, discipulado compartido y construcción de puentes fraternos para todos los participantes, las MIC y la SME. Los invitamos a:

  • Seguir esta experiencia en nuestras redes sociales.
  • Orar con nosotros y por nosotros, para que el Espíritu Santo fortalezca nuestro testimonio.

Que Cristo misionero, el mismo que caminó con los discípulos de Emaús, nos acompañe, y que su Espíritu nos impulse a un servicio gozoso y solidario.

Desafíos y gracias de una semana de inmersión misionera

Al llegar al final de la Semana de Inmersión de nuestro Encuentro Internacional de Jóvenes, queremos compartir no solo noticias, sino las experiencias vivas y profundas que han marcado estos días: una mezcla de prueba, ternura y gracia abundante.

Ha sido una verdadera inmersión en todos los sentidos. Hemos entrado de lleno en las realidades más desafiantes de las comunidades a las que servimos aquí en CCBBA. El cansancio físico no tardó en hacerse sentir: algunos participantes han sufrido fuertes dolores de cabeza y episodios de fiebre, reacciones naturales no solo a un clima distinto, sino también al peso emocional y espiritual de encontrarnos cara a cara con una pobreza tan concreta y con necesidades estructurales tan evidentes.

Hubo momentos de profunda impotencia, al estar frente a situaciones que no podemos resolver por nosotros mismos, experimentando de cerca la fragilidad —la de quienes encontramos y también la nuestra—.

Y sin embargo, es precisamente allí, en esas calles y en esos instantes de vulnerabilidad compartida, donde estamos encontrando a Cristo de un modo muy claro. Descubrimos su rostro en la esperanza resiliente de una madre, en la acogida generosa de los enfermos y de las personas más vulnerables, y en la dignidad silenciosa de quienes perseveran. Su presencia no se manifiesta en el poder, sino en la debilidad; no en las soluciones inmediatas, sino en la solidaridad.

La mayor alegría ha sido comprender que nuestra misión no consiste en llevar a Cristo a un lugar donde está ausente, sino en reconocerlo allí donde Él ya está actuando, especialmente en la fragilidad y la esperanza de quienes viven en las periferias.

Estos desafíos y consolaciones nos unen más profundamente a nuestra vocación y entre nosotros. Llevamos cada dolor, cada sonrisa y cada nueva esperanza encendida en el corazón hasta el altar. Permanecemos unidos a ustedes en la oración, que es nuestro verdadero sostén. Les pedimos humildemente que nos acompañen con sus oraciones en estos últimos días, y sepan que nosotros rezamos con fervor por cada uno de ustedes y por sus misiones.

Como los discípulos en el camino de Emaús, seguimos adelante con los pies en la tierra y el corazón encendido, sabiendo que el Señor camina con nosotros.